El vino blanco no es blanco

febrero 18, 2022

Quizás en muchas oportunidades nos hemos preguntado porque al vino blanco se le llama “blanco” si no es blanco, pues normalmente es de amarillo a dorado en sus diferentes gamas e intensidad, no queda claro su origen, sin embargo vamos a conocer como se elaboran, las variedades, como se pueden acompañar y su guarda.

Los vinos blancos pueden ser elaborados con uvas blancas o uvas tintas, pero se vinifican en blanco, es decir sin contacto con los hollejos. En este caso, las uvas tintas se muelen y se separan de los hollejos inmediatamente, con el fin de que el mosto permanezca blanco.

Como cualquier vino, el proceso de elaboración comienza con la cosecha de las uvas y su traslado a la bodega, en donde se procede a realizar el despalillado de la uva (separar los granos de uva de los escobajos o raspones) y posteriormente el estrujado de la manera más delicada posible. A la salida de este proceso, el jugo y las pieles se enfrían para conservar una materia prima óptima y mayor presencia aromática.

Luego esta materia prima se transfiere a una prensa que, mediante suave presión, extrae la casi totalidad del jugo, separándolo de las partes sólidas. Entonces el jugo solo va a los tanques de fermentación, en este parte del proceso se establece la diferencia con respecto a la elaboración del vino tinto donde la fermentación se da con las pieles y el jugo. El tiempo de dicho proceso puede variar según el enólogo y las características del vino deseado.

Durante esta etapa, el color del vino es amarillo blanquecino, turbio, ya que tiene aún en suspensión restos vegetales y de levaduras. Se procede entonces, a la sedimentación, clarificación y filtrado, a fin de dejarlo transparente. Estas etapas, gracias a la actual tecnología, no dejan rastros de ninguna índole. Sin embargo existen blancos «no filtrados», que demandan un proceso de sedimentación muy cuidadoso y prolongado.

Ya listo, generalmente el vino se embotella porque se prefieren los blancos frescos, jóvenes, sin embargo existes Bodegas donde añejan el vino blanco en barricas de roble nuevo con la intensión de obtener aromas y sabores muy particulares cómo a vainilla, cambur, miel, frutos secos, entre otros.

Por lo general los vinos blancos son secos, frescos, afrutados y florales, esto claro está va a variar según la cepa y la elaboración de cada vino.

Se recomienda que el vino blanco no debe ser guardado por mucho tiempo, más bien son de consumo inmediato, aquellos que han llevado barrica pueden durar más tiempo en guarda. Su sensibilidad lo hace más susceptible al paso del tiempo: se «oxida» con facilidad y toma las características muy particulares, se suele oscurecer y tomar sabores fuertes mal llamándolo «vino ajerezado». En general un vino blanco se debería de consumir entre 2 a 5 años después de salir a la venta. De igual forma al guardarlo no debería estar en contacto con la luz solar, calor y vibraciones que puedan afectar su calidad, al momento de enfriarlo y si no se toma se debe mantener frío hasta su consumo.

Dos vinos blancos clásicos conocidos mundialmente son:

Romanée Conti Montrachet (Francia)

Es un borgoña elaborado a partir de la variedad Chardonnay es uno de los hijos del dominio de la Romanée Conti, no es tan evidentemente frutal como otros blancos, pero es finísimo y sorprendente en boca.

Château d’Yquem (Francia)

Es un vino Premier Cru Supérieur procedente de la región de Sauternes, en la parte meridional del viñedo de Burdeos. Fue el único Sauternes al que se le dio esta categoría, indicando así la superioridad que se percibía y su alto precio respecto al resto de los vinos de su tipo. Los vinos de Château d’Yquem se caracterizan por su complejidad, concentración y dulzura. Una acidez relativamente alta permite equilibrar su dulzura. Otra característica por la que son conocidos los vinos Château d’Yquem es su longevidad. En un buen año, una botella sólo empezará a mostrar sus cualidades después de una o dos décadas de bodega, y con un cuidado adecuado se mantendrá durante un siglo o más, añadiendo gradualmente capas de sabor y por lo tanto tonos frutales no detectados.

Los vinos blancos en general son excelentes compañeros de todo tipo de pescados, mariscos y carnes blancas, y conviene degustarlo a una temperatura adecuada, de aproximadamente 8º, para disfrutar de todos sus aromas.

Aunque el maridaje entre vinos y comidas finalmente resulta del gusto personal, siempre es bueno guiarse con algunas recomendaciones.

Un Chardonnay, se puede acompañar con pollo o pescado. Este tipo de vino blanco seco suele presentar notas de vainilla o cítricos los cuales van muy bien con ese tipo de alimentos. el Pinot Grigio, suele ir perfecto con pasta sobre todo si lleva alguna salsa cremosa a base de queso o mantequilla.

El Sauvignon Blanc, es un vino versátil, la acidez que presenta esta variedad se puede aprovechar y utilizar para cocinar una exquisita salsa con mantequilla. Otra opción es acompañar pollo, mariscos y ostras.

El Riesling es otra variedad de vino blanco que debe formar parte de nuestra bodega. Este vino alemán afrutado, es dulce, perfecto para una entrada que contenga quesos suaves como Brie, Camembert o Cheddar.

Originario también de Alemania, Gewürztraminer es un vino dulce cuyo aroma es picante y su sabor bastante afrutado. Este tipo de vino, que suele encontrarse en Alsacia o California, es una opción perfecta para carnes blancas, comida asiática y quesos blandos.

Después de estos consejos de maridaje, ¿con qué plato acompañará su próxima botella de vino blanco?

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